Juegos desde dentro: Outlast, el cura y el curado

Conozcamos los juegos desde una nueva visión en primera persona, empezamos con el Outlast

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Juegos desde dentro es otra nueva sección que nos trae Edu, en la que nos pondremos en la piel del protagonista de algún juego que esté jugando y lo viviremos todo en primera persona a lo largo de varios capítulos. ¡Esperamos que os guste!

Outlast, capítulo 1: El cura y el curado

Hola a todos, dad gracias porque os pueda contar esto, a ese falso dios en el que he perdido la fe…

Soy reportero y me gusta, quiero decir… me gustaba, desenmascarar falsas organizaciones y descubrir secretos que nadie se puede llegar a imaginar, pero ahora mismo quiero quedarme en un lugar seguro y que me coman los gusanos cuanto antes para no tener que acordarme de todo lo que he tenido que vivir, situémonos:

Decidido a encontrar una nueva historia que narrar me adentré en un psiquiátrico que en un futuro cercano se convertiría en mi peor pesadilla. Se situaba en el Monte Massive, lejos de todo tipo de civilización. Las puertas estaban cerradas con barricadas que bloqueaban el paso, así que para empezar, tuve que saltar de cornisa en cornisa para alcanzar una ventana abierta y así poder entrar dentro del psiquiátrico.

Una vez dentro un terrible escalofrío se internó en mí, recorriéndome la médula espinal, la putrefacción era la dueña de ese lugar, no de muebles ni de la comida, ahí sólo había cadáveres y restos de una sangre seca con un hedor asqueroso.

Cuerpos colgados, muebles en fuego, hombres consternados hablando solos y una luz tenue era lo que me acompañaba cuando caminaba por los pasillos de esa macabra nube de situaciones. Estaba investigando el ala de arriba del psiquiátrico y al pasar por un hueco de una barricada, noté un cálido aliento con olor a huevo podrido y una boca seca me susurró, me giré y le vi la cara a ese hombre (si se le puede llamar de alguna forma).

No tenía pelo en ninguna parte de la cara, una mascarilla con rejillas de metal tapándole la boca, tenía el torso al descubierto manchado de sangre seca, usaba unos harapos como pantalón y era pálido, muy pálido como si… hubiera estado muerto.

Me agarró del cuello y me lanzó con una fuerza sobrehumana al hall de la entrada del piso de abajo, caí inconsciente pero una mano me despertó a los pocos segundos de caer en ese mar de dolor. Se me presentó como el cura del psiquiátrico y me gritó que yo era su apóstol… no lo entendí hasta haber pasado varias horas más.

Cuando fui a incorporarme, ese hombre con sotana se había desvanecido en un abrir y cerrar de ojos. En esos momentos sólo quería salir de ese sitio de locos, ya había tenido suficiente con lo grabado pero las salidas estaban cerradas y tuve que buscar la centralita que controlaba, mediante las cámaras, todo el recinto principal y la mayoría de salas de ese puto manicomio.

Llegué a la sala de control y vi en un monitor como el cura de antes miraba hacia la cámara de vigilancia y apagaba la electricidad de todo el terreno. Nada más apagarse las luces, escuché unos pasos y tuve que esconderme en una taquilla, como una puta rata a punto de ser cazada, para que esa “cosa” de antes no me hiciera pedazos.

Me metí dentro de varias habitaciones y encontré documentos en los que aparecía y explicaba lo que estaba o había estado ocurriendo en ese psiquiátrico, entendí que ese hombre que me perseguía era un paciente del psiquiátrico y menuda forma de arreglar su locura…

Las cosas no fueron a mejor, tenía que bajar al sótano de esa parte de la casa para acceder a dos botones que me permitirían poner en marcha de nuevo la electricidad. Conforme fui bajando las escaleras, la humedad mezclada con el pavor que sentía se internó aún más en mí y me hacía difícil el respirar.

Abrí la puerta y era un mundo completamente distinto, sentí angustia, no podía moverme bien ya que era un sitio muy cerrado y tampoco podía correr debido al agua que llegaba a tener varios centímetros de altura.

Encontré uno de los dos botones fácilmente y no puedo describir lo que sentí después de presionarlo, mi entendimiento de lo real se empezaba a difuminar y una corriente de aire fría me llegó y volví a sentir ese mismo escalofrío, pero… esta vez con un olor a carne podrida que me provocó náuseas.

Estaba paralizado por esos sentimientos cuando una puerta de la sala central del sótano fue golpeada, con fuerza, con la fuerza de diez hombres. Me oculté lo más rápido que pude en la oscuridad y la puerta se derrumbó, era el… de nuevo, esa cosa era la muerte personificada.

Esperé con mi par de cojones y el corazón en un puño y la suerte dentro de lo malo se puso de mi parte, se fue por donde yo había venido y tuve vía libre para buscar el otro botón, activar la electricidad y poder marcharme de ese asqueroso lugar de una vez por todas.

Al salir del sótano solo podía pensar que era libre y que al llegar a casa daría un beso a mi mujer y a mis hijos. Estaba yendo a la sala de monitores de nuevo, sorteando cadáveres por el hall y antes de meterme a dicha sala revisé los alrededores para ver si había señales de vida y la respuesta fue nada, por supuesto lo que buscaba era vida para esconderme de la cosa o el ser vivo que venga hacia mí.

Creyendo que estaba seguro, entré a la sala de monitores e intenté acceder a ellos para activar la apertura de puertas, pero en los monitores había unos vídeos que antes no estaban, eran grabaciones de las propias cámaras de vigilancia cuando hace años un escuadrón especial había ido a investigar lo que estaba ocurriendo dentro de ese manicomio.

Pude contemplar en esa grabación como entraron por la fuerza por la puerta principal, iban armados y nada más entrar empezaron los disparos, el tiroteo duró 10 segundos como máximo, ya que la avanzadilla del pelotón ya estaba muerta, una fuerza invisible y por lo que pude ver intangible también partió las columnas de la mayoría de esa parte del escuadrón y dejaron el suelo lleno de tripas, sangre, extremidades y órganos que no supe distinguir.

Acabé el vídeo cohibido por lo visto y noté detrás una presencia, alguien me cogió por detrás y me inyectó desde una jeringuilla un líquido amarillo verdoso… no sé lo que era y no quiero saberlo a día de hoy pero al abrir los ojos estaba encerrado en una habitación blanca, con pinturas echas con sangre y mensajes en la pared.

No sabía dónde estaba y lo peor es que no sabía si todo era producto de una locura o si estaba sufriendo de tal forma en la realidad.

➡ Seguiremos con el Outlast la semana que viene, si os ha gustado, suscribiros al boletín y os avisaremos cada semana de un nuevo capítulo.